A veces pensamos que, por el hecho de tener un llamado en nuestra vida, todo lo que tenemos delante debe alinearse a la perfección para saber que vamos por el camino correcto. Pero luego empiezas a seguir a Jesús y sientes que vives en una montaña rusa llena de giros inesperados, altibajos, y simplemente no tienes ningún control sobre hacia dónde te diriges. No sé tú, pero así es como me siento la mayor parte del tiempo.
Conocerlo tiene un precio, y la mayoría de la gente no quiere pagar ese precio, pero a medida que lo conoces más empiezas a darte cuenta de que Él vale mucho la pena. La entrega, el precio a pagar, vale mucho la pena, porque no hay otra persona en todo el universo que se le compare.
Si miramos el panorama general de la vida, es maravilloso cuando gente de Dios dice: «¡Sí! ¡Él realmente vale la pena! ¡Vale la pena pagar el precio!». Suena a una frase muy entusiasta/ espiritual. Pero en el día a día, es cuando esa frase ya no resulta tan agradable.
¿Qué pasa si tu vida cristiana no parece tan genial ni perfecta? ¿Qué pasa si sientes que tu vida es algo cualquiera? ¿Qué pasa si te sientes como el guerrero más fuerte de Dios —jajaja—, pero la vida te lanza de todo encima? ¿Qué pasa si el lugar donde estás ahora no es donde quieres estar, pero sabes que es donde el Señor quiere que estés? ¿Qué pasa si la única respuesta que el Señor te da es:"solo espera"?
Personalmente, he estado pasando por eso. Llevo más de un año luchando por encontrar mi lugar en donde estoy. Muchas veces he sentido que no cuento con mucha comunidad ni amigos. He sentido como si Dios me tuviera escondida en un pueblo pequeño de Puerto Rico donde nadie puede encontrarme; jaja, sé que suena muy dramático, pero así es como me he sentido.
Le he dicho al Señor muchas veces: “¿Por qué me pusiste en este lugar? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué me siento sola en esto? Podría estar haciendo más en otro lugar, me siento tan fuera de lugar, nadie me entiende”. He intentado presentarle mi caso tantas veces, pero no ha funcionado… todavía. Pero honestamente, ¿Qué sentido tendría moverme si Él no está conmigo?
¿Y si el lugar donde estoy ahora y lo que estoy haciendo le producen alegría a Jesús? ¿Soy capaz de vivir para Su alegría en lugar de la mía? ¿Y si en esta etapa, aun cuando no lo sienta así, lo hago por Él y no por mí mismo? ¿Le amaré más que a mí mismo y a mis propios deseos? ¿Seré capaz de dejar a un lado mis sentimientos y decir: «Jesús, te entrego esta etapa de mi vida; te amaré incluso cuando no comprenda lo que estás haciendo»?
Te hablo con total sinceridad: amarle cuando no entiendo lo que Él está haciendo es difícil. Es fácil cuando todo va bien y te sientes cómodo, pero ¿qué pasa cuando te toca afrontar la incertidumbre y la incomodidad? ¡Es una verdadera lucha!
¿Cómo puedo amar al Señor en medio de la incertidumbre? ¿Cómo puedo amarle en medio de las dificultades? ¿Cómo puedo amarle cuando he estado a punto de rendirme tantas veces? ¿Cómo puedo amarle cuando no tengo ganas de seguir adelante?
Lo que me he dado cuenta es de que la respuesta a todas esas preguntas anteriores es que simplemente debes poner los ojos en Jesús; y no solo poner los ojos en Él, sino fijarlos en Él.
Si buscas la definición de «fijar la mirada», significa: Enfocarse intensamente en algo, a menudo excluyendo otras distracciones. En un sentido metafórico, a menudo implica concentrar la atención, los pensamientos y los afectos en un objetivo específico. persona o ideal, particularmente en el contexto de la fe y la perseverancia.
Fijar la mirada en Él también implica apartar las cosas que nos distraen de Él. A menudo, las temporadas de sequía e incomodidad sacan de nosotros cosas que están obstaculizando nuestro amor hacia él.
Entonces, ¿qué es lo que nos distrae de Él? ¿Es tu constante pensamiento? ¿La primera canción de tu día se trata de Él? ¿Constantemente piensas en las Escrituras? Cuando llega la presión del día, ¿tu mente y tu corazón se apoyan en Él? ¿Dónde están tu atención, tus pensamientos y tu afecto? ¿Están en Jesús?
Cuando decides practicar el mantener la mirada fija en Él, estás renunciando voluntariamente a tu propia manera de hacer las cosas y diciéndole activamente: «Lo haré a tu manera, Señor».
"Por lo tanto, por medio de Jesús, ofrezcamos un sacrificio continuo de alabanza a Dios, mediante el cual proclamamos nuestra lealtad a su nombre." Hebreos 13:15
“Tú guardarás en perfecta y constante paz a aquel cuya mente es firme [es decir, comprometida y centrada en Ti, tanto en inclinación como en carácter], «Porque confía en Ti y se refugia en Ti [con esperanza y expectación confiada]». Isaías 26:3 AMP
"Si ustedes me aman, obedecerán mis mandamientos." Juan 14:15
"No se preocupen por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús." Filipenses 4: 6-7
Hola a todos! mi nombre es Gabriella pero me puedes llamar Gaby.
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He creado este espacio con el propósito de compartir lo que el Señor ha puesto en mi corazón de la manera más real y genuina posible. Quiero invitarte a mi camino de seguir a Jesús y espero poder inspirarte en el tuyo.
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